
Dime ¿Cuántas veces nos quedan de hacer las cosas mal? Porque mi corazón va camino de finiquitar las que una existencia puede aguantar. O al menos eso me parece cuando así siente, que me encoge la vida por momentos. Ven. Ven y siéntelo. No hay forma de enseñarle por más que yerra. Le tocó otra vez. Le pongo una canción y se emociona, le dibujo un sol y me lo nubla, le canso a ejercicios y no come, bebo unas risas y él se emborracha de tristeza.
Yo quisiera acertar un día, solo uno, y enseñarle el otro lado, ese que tanto hemos soñado juntos y que pisaremos con fuerza. Los dos sabemos que existe. Arrastraremos de felicidad a todo el que se ponga por delante y nos dejarán finalmente hacer eso para lo que hemos venido a este mundo: amar.
Por eso, y a pesar de todo, yo a mi corazoncito no le cambio por nada. A ver quién es capaz de sentir como él lo hace, a ver quién es capaz de dar lo que él da, a ver quién ofrece más de lo que él ofrece...¡Que bien le conozco!
¿Sabes corazoncito? No cambies jamás. Anda, llora que te acompaño. Ya danzaremos la vida más adelante y regalaremos ese gran tesoro que albergamos ¿Para que lo queremos nosotros, verdad?.